El camino más corto

Reto #MismoInicioDiferenteFinal

📷MaruBV13

Alex odiaba cruzar por el cementerio por las noches—aunque era el camino más rápido a su casa—pero aquella noche era demasiado su cansancio y ansiaba dormir, así es que al llegar a la puerta, no lo dudó y entró al camposanto. Este sentimiento no nació de la nada y era más que odio, realmente era temor, disfrazado por este otro nombre, mejor aceptado por los que lo rodeaban y por él mismo. Es que lo que había visto en el muro de la entrada aquel día, lo dejó traumatizado. A partir de ese momento, el camino que siempre tomaría para su casa ya no sería a través de esa guarida de almas en pena, aunque tuviese que caminar mucho más y demorar el triple en llegar.

Aquella experiencia no fue un susto simple; le provocó un verdadero estado de shock postraumático que estaba evolucionando desde hacía ya varios meses. Entre sesiones de terapia psicológica, psicofármacos y otras estrategias de relajación y meditación, se había vuelto un Yogui en un eterno “viaje”, pero hacia la realidad, lejos de las deformidades de su mente insana, que tanto lo confundían y aterraban. Las anteojeras habían ayudado bastante, eran lo único que le permitía salir a la calle cada día. Quizá era solo una manera de “tapar el sol con un dedo”, pero no poder ver las paredes y muros (literalmente), le permitía llevar una vida humanamente aceptable. Pero estaba tan cansado de todo ese agobio mental, esa prisión sin grilletes, que ese día, en que el cansancio se adueñaba casi totalmente de su raciocinio, decidió obviar la terapia y poner a prueba su nivel de sanación. Se quitó el feo adorno que llevaba en su cabeza como parte de su cuerpo, desde hacía tanto tiempo y decidió entrar al cementerio.

El enfrentamiento con la fobia era algo que ya había practicado (formaba parte de la terapia de desensibilización), pero solo en las sesiones de tratamiento; esta vez sería más difícil, pero sentía que podía. Miró a la pared y no vio nada. Respiró de alivio y rió. Cuando se disponía a pasar de largo y seguir camino hacia su casa, oyó aquel sonido que tanto había tratado de borrar de su memoria. Sintió de nuevo el golpe palpitante en el estómago y un frío que le recorría el interior del cuerpo y, paradójicamente, le hacia sudar profusa e incontrolablemente.

“No puede ser”, pensó, volteándose hacia la pared.

Allí estaba de nuevo, aquella figura extraña que por momentos parecía hombre y por momentos mujer. Era una sombra humanoide que se movía por toda la pared como si estuviese viva, haciendo un ruido como el de un tubo arañando una pared de concreto, pero mucho más intenso (como un ruido blanco de gran volumen, mezclado con un aullido). Movía su boca negra de una manera extraña, deformándola hasta límites anormales; haciendo brotar de ella unos pequeños hilitos oscuros que parecían lombrices. Gritaba algo inentendible. De sus ojos vacíos salían lágrimas gruesas que recorrían toda la pared hasta el piso y ahí se perdían. Sus manos estaban atadas, pero se movía por toda aquella pared de casi 16 metros cuadrados, reptilianamente, con movimientos desesperados que desafiaban las leyes de la física. Toda ella era el reflejo de la tristeza más profunda.

Por alguna razón, la sensación de temor fue mermando en él. El inicio del pánico desapareció y una paz extraña recondujo todas sus respuestas fisiológicas anteriores, al estado basal.

“Estoy curado” pensó con gran alegría; y decidió probar algo más allá, acercarse a aquello que ya sabía era irreal, aunque lo veía perfectamente (estaba curado de la fobia, pero no del delirio). Tocó la pared y una de aquella lágrimas le envolvió la mano, recorriendo todo su brazo y su cuerpo entero, hasta cubrirlo totalmente con un manto negro, frío y mojado.

A las 3:00 a.m, la esposa de Alex despertó asustada; había tenido una terrible pesadilla. Bajó a la cocina por un vaso de yogurt; este antojo nocturno no la había abandonado ni un solo día durante el primer trimestre de embarazo. Encendió la luz y se asustó un poco al ver una gran mancha en una de las paredes.

“¡Caramba, qué susto! ” pensó mientras se acercaba a tocarla. “Otra mancha de humedad. Tendré que decirle a Alex que se encargue de esta también” . Tomó el vaso de yogurt y miró la hora; era muy tarde, su esposo se había demorado más de la cuenta en llegar. Preocupada, lo llamó al celular, pero dio señal [[fuera de servicio]]. Colgó y decidió esperar; sabía que Alex siempre apagaba el teléfono cuando tomaba aquel largo camino a través del Parque Central Municipal.

“Ojalá se curara de una vez y acortara el camino”, pensó suspirando y se recostó en el sofá, a esperarlo.

Desde la pared de la cocina, Alex le gritaba a su mujer que había llegado a tiempo, pero ella no lo oía; aún no estaba lista para hacerle caso a una simple pareidolia.

📷Imagen destacada: Pixabay

Las bases del reto, en el blog de MaruBV13👇

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s